Herbert West, reanimador: el relato que Lovecraft escribió a regañadientes
POR Rosetta EduLovecraft escribió «Herbert West, reanimador» por dinero y lo despreciaba. Cobraba cinco dólares por entrega de una revista humorística aficionada, tenía que terminar cada capítulo con un sobresalto y empezar el siguiente resumiendo lo anterior, y la fórmula le parecía vulgar.
El resultado es su texto más cómico, más sangriento y, curiosamente, el que más ha sobrevivido en la cultura popular: de aquí sale la película Re-Animator de 1985 y buena parte de la iconografía del científico loco moderno.
Seis episodios, un solo chiste macabro
Herbert West es un estudiante de medicina de la Universidad Miskatonic convencido de que la muerte es un problema químico. Con su compañero de estudios —que narra la historia con creciente resignación— dedica su carrera a conseguir cadáveres cada vez más frescos e inyectarles su reactivo. El chiste, repetido seis veces, es que siempre funciona y siempre sale mal.
Lo que convierte esta serie en algo más que una broma sangrienta es la relación entre los dos protagonistas: el narrador es un hombre decente que sigue a West a todas partes, encubriéndolo, sin ser capaz de explicarse por qué. La deriva moral no es la de West —que nunca tuvo una—, sino la suya.
Conviene decirlo también aquí: el sexto episodio contiene uno de los pasajes más racistas que escribió Lovecraft, en la descripción de un boxeador negro. No es incidental ni matizable, y el lector debe saberlo antes de llegar.
Lo que esconde el resto del volumen
Los otros relatos son un recorrido por los orígenes del autor, y varios son anteriores a su estilo maduro.
«La bestia de la cueva» y «El alquimista» son textos de adolescencia —los escribió con catorce y diecisiete años— y valen sobre todo como curiosidad: góticos convencionales, con deuda evidente con Poe, sin rastro todavía del horror cósmico.
«Los gatos de Ulthar» es la joya escondida del libro. Apenas tres páginas, escritas como una leyenda antigua, sobre una aldea donde está prohibido matar gatos y la razón por la que se promulgó esa ley. Lovecraft adoró a los gatos toda su vida y aquí se le nota; es lo más parecido a un cuento de hadas que escribió, y funciona perfectamente.
«Los otros dioses» pertenece a su ciclo onírico, con montañas prohibidas y sacerdotes que suben donde no deben. «El libro» es un fragmento inacabado, y se lee como tal: empieza a construir una atmósfera formidable y se interrumpe. «El mono blanco» es un relato de linaje maldito con un desenlace que, otra vez, hay que leer sabiendo qué ansiedades de su autor lo sostienen.
¿Para quién es este libro?
Para quien quiera ver cómo se forma un escritor, más que para quien busque su mejor obra. Aquí están el Lovecraft adolescente imitando a Poe, el Lovecraft profesional escribiendo por encargo con desgana brillante y el Lovecraft soñador de Ulthar. Falta el de los grandes relatos cósmicos, pero se entiende de dónde salió.
Y para quien haya visto Re-Animator y sienta curiosidad por el original: el libro es menos gore y bastante más divertido de lo que la película sugiere.