El despertar de Kate Chopin: la novela que tardó cincuenta años en encontrar lectores

El despertar de Kate Chopin: la novela que tardó cincuenta años en encontrar lectores

POR Rosetta Edu

En 1899, una viuda de cuarenta y ocho años que vivía en San Luis y escribía para mantener a seis hijos publicó una novela breve sobre una mujer casada que descubre, un verano junto al mar, que no quiere la vida que tiene. Las reseñas fueron duras. La novela desapareció. Kate Chopin murió cinco años después y durante medio siglo nadie volvió a hablar de ella.

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Kate Chopin · Nueva traducción al español

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Hoy El despertar se estudia en todas las universidades estadounidenses y se lee como una de las novelas fundacionales de la narrativa moderna escrita por mujeres. Merece la pena entender qué pasó entre una cosa y la otra, porque la historia que suele contarse no es del todo exacta.

Un verano en Grand Isle

Edna Pontellier veranea con su marido y sus dos hijos en Grand Isle, la isla del golfo de México donde la burguesía criolla de Nueva Orleans pasaba los meses de calor. Su marido, Léonce, es un hombre correcto que la trata más o menos como trata sus propiedades: con atención y sin curiosidad.

Ese verano ocurren tres cosas. Edna traba amistad con Robert Lebrun, un joven encantador que la acompaña a todas partes. Escucha tocar el piano a mademoiselle Reisz, una mujer soltera, antipática y libre, que vive solo para su música. Y aprende a nadar.

La escena del baño nocturno es el centro del libro. Edna, que llevaba todo el verano intentándolo sin éxito, de pronto se sostiene sola en el agua y nada mar adentro, embriagada por una sensación de poder que no había tenido nunca. Chopin no explica el símbolo, no hace falta: lo que se despierta ahí no es un romance, es la conciencia de tener un cuerpo y una voluntad propios.

Lo que sigue no es una historia de adulterio al uso, aunque haya adulterio. Edna deja de recibir visitas los martes, empieza a pintar en serio, se muda sola a una casa pequeña que paga con su dinero y va desmontando metódicamente todo lo que la definía: esposa, madre, señora de. El libro se pregunta, sin darse respuesta, qué queda de una persona cuando le quitas todos sus papeles.

Lo que de verdad pasó con el escándalo

Durante décadas se contó que El despertar fue prohibido, retirado de las bibliotecas de San Luis y que el rechazo destruyó a su autora, que murió amargada y sin volver a escribir.

La investigación posterior, sobre todo la de la biógrafa Emily Toth, ha ido desmontando esa versión. No hay constancia de que el libro fuera prohibido ni retirado de las bibliotecas; las reseñas fueron mayoritariamente severas —se le reprochó el tema y la falta de castigo moral para la protagonista—, pero también hubo lectores que lo defendieron. Chopin escribió después bastante menos, aunque en ello pesaron también su salud y la cancelación por parte de su editor de un libro de relatos ya anunciado.

La versión dramática es más atractiva, pero la real es más interesante: la novela no fue silenciada por un veto, sino por algo más común y más eficaz —la indiferencia—. Simplemente dejó de reimprimirse, y durante cincuenta años no le importó a nadie.

La resurrección

Quien la rescató fue, curiosamente, un noruego. El académico Per Seyersted publicó a finales de los años sesenta una biografía crítica y una edición de las obras completas de Chopin que devolvieron la novela a la circulación. Llegó en el momento exacto: la crítica feminista de los setenta encontró en Edna Pontellier un personaje que llevaba setenta años esperando lectores capaces de entenderlo, y el libro pasó de la nada al canon en menos de una década.

Se la suele emparentar con Madame Bovary, y la comparación es útil pero engañosa. Chopin conocía bien la literatura francesa —tradujo relatos de Maupassant al inglés— y comparte con Flaubert la frialdad de la mirada. Pero Emma Bovary quiere novelas románticas y lujo; Edna quiere algo mucho más incómodo de escribir en 1899: quiere ser un sujeto. Y a diferencia de Flaubert, Chopin escribe desde dentro del mundo que retrata: la sociedad criolla y católica de Luisiana, bilingüe y de código cerrado, donde ella misma había vivido como esposa de un comerciante de Nueva Orleans.

El final, que nadie ha resuelto

No lo contaré. Basta decir que sucede otra vez en el agua de Grand Isle y que lleva más de un siglo dividiendo a los lectores: hay quien lo lee como una derrota y quien lo lee como el último acto de voluntad de alguien que se niega a devolver lo que ha aprendido.

Chopin no da pistas. No hay narrador que juzgue, ni moraleja, ni consuelo, y esa neutralidad es precisamente lo que escandalizó en su momento y lo que hace que la novela siga viva. Es un libro de ciento cincuenta páginas que no se cierra nunca del todo.

Cómo leerlo

Es corto, de capítulos brevísimos —treinta y nueve— y de prosa sensorial: hay mucho mar, mucha música y mucho calor. Se lee en dos tardes y funciona mejor de un tirón, porque su fuerza está en la acumulación, no en la trama.

Y si lo lees en inglés, ten a mano la traducción para el vocabulario del entorno criollo: Chopin salpica el texto de expresiones francesas y de nombres locales que forman parte del retrato y que un lector actual no siempre reconoce.

Nuestra edición

Publicamos El despertar en una nueva traducción al español, con el texto íntegro. Disponible en tapa blanda, tapa dura y ebook, y en edición bilingüe de texto paralelo español-inglés, en tapa blanda y en tapa dura.

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