El curioso caso de Benjamin Button: el relato que casi nadie ha leído

El curioso caso de Benjamin Button: el relato que casi nadie ha leído

POR Rosetta Edu

Mucha gente ha visto la película. Casi nadie ha leído el relato. Y lo llamativo es que, más allá de la premisa —un hombre que nace viejo y rejuvenece—, no se parecen en casi nada.

El curioso caso de Benjamin Button y otros relatos | Libro

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F. Scott Fitzgerald · Nueva traducción al español

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La adaptación de 2008, dirigida por David Fincher, dura casi tres horas, transcurre en Nueva Orleans y cuenta una historia de amor melancólica que atraviesa el siglo XX. El relato que F. Scott Fitzgerald publicó en 1922 ocupa unas cincuenta páginas, transcurre en Baltimore a partir de 1860 y es, ante todo, una comedia. Una comedia bastante cruel.

Un señor de setenta años en la sala de maternidad

La diferencia se nota desde la primera escena. En la película, Benjamin nace bebé, con aspecto de anciano diminuto. En el relato, nace directamente con el tamaño y el aspecto de un hombre de setenta años: barba blanca, voz cascada y opiniones propias, que expresa en voz alta desde el primer momento.

Lo que sigue no es un drama sobre el paso del tiempo, sino una sátira sobre la vergüenza social. Su padre, Roger Button, respetable comerciante de Baltimore, no siente compasión: siente bochorno. Le compra ropa de bebé que no le entra, le exige que juegue con sonajeros, le pinta la barba. La familia entera se dedica durante décadas a la tarea de disimular. Cuando Benjamin intenta matricularse en Yale, lo echan por impostor.

Fitzgerald no está interesado en la mecánica del prodigio —no explica nada, ni lo intenta—, sino en cómo reacciona una sociedad respetable ante alguien que no encaja en la casilla que le toca por edad. Visto así, el relato no trata del tiempo: trata de las apariencias, que era el gran tema de su autor.

La idea se la dio Mark Twain

Fitzgerald contó que el punto de partida fue una observación atribuida a Mark Twain: que resulta una lástima que lo mejor de la vida esté al principio y lo peor al final. El relato es, literalmente, el experimento de darle la vuelta a esa queja para comprobar si mejora algo.

La respuesta es que no. Y ahí está lo bueno del cuento: cuando Benjamin por fin coincide con la edad socialmente deseable —cuarenta y tantos por fuera, cincuenta por dentro—, tiene unos años de gloria y, en cuanto sigue rejuveneciendo, empieza a perderlo todo otra vez, en el mismo orden pero al revés. Su mujer, Hildegarde, le resulta cada vez mayor y más aburrida; él le resulta a ella cada vez más inapropiado. El hijo acaba tratando al padre como a un niño molesto y le exige que lo llame tío.

El final no tiene nada de dulce: la conciencia se va apagando a medida que el cuerpo se hace pequeño, los recuerdos desaparecen uno a uno —la universidad, la guerra, su mujer, su casa— y lo último que queda es un olor a leche tibia y una cuna. Escribió eso un hombre de veinticinco años.

Los otros cuatro relatos

El volumen recoge cinco piezas de Cuentos de la era del jazz, y el resto no está de relleno.

«Primero de mayo» es probablemente la más ambiciosa: reconstruye el 1 de mayo de 1919 en Nueva York —manifestaciones, veteranos recién vueltos de Europa, asaltos a periódicos socialistas, una fiesta interminable en Delmonico’s— cruzando varias vidas en una sola noche que termina mal. Es Fitzgerald escribiendo sobre su propia generación cuando aún no sabía que la iba a bautizar.

«El gomita» retrata a un joven ocioso del sur, sin oficio ni ambición, y la noche en que casi cambia de vida. La clave está en ese «casi».

«¡Oh, bruja pelirroja!» es la más extraña: una fantasía sobre un dependiente de librería y la mujer imposible que reaparece a lo largo de su vida, con un final que reordena todo lo anterior de forma bastante despiadada.

«Los residuos de la felicidad» es la más dura. Un matrimonio joven y feliz se interrumpe por una enfermedad repentina, y ella pasa años cuidando a un marido que ya no está. Fitzgerald la publicó en 1920; una década después, con la enfermedad de Zelda, su vida se pareció incómodamente a ese cuento.

Por qué leer los relatos breves de Fitzgerald

Fitzgerald vivió de los relatos: los vendía a las revistas para financiar las novelas y su tren de vida, y él mismo despreciaba parte de esa producción, a la que llamaba trabajo alimenticio. Pero la selección buena es formidable, y en estas cinco piezas está casi todo lo que hace grande a El gran Gatsby: la sensación de fiesta que se acaba, la conciencia de que la juventud es un capital que se gasta, y esa prosa suya que puede ser brillante y triste en la misma frase.

Para quien solo lo conozca por Gatsby, este volumen es la mejor puerta de entrada al resto. Y para quien solo conozca a Benjamin Button por la película, la sorpresa está garantizada: el original es más corto, más cómico y considerablemente más amargo.

Nuestra edición

Publicamos El curioso caso de Benjamin Button y otros relatos en una nueva traducción al español, con los cinco relatos íntegros. Disponible en tapa blanda, tapa dura y ebook, y en edición bilingüe de texto paralelo español-inglés —en tapa blanda y tapa dura—, para leer a Fitzgerald en su idioma con la traducción siempre a mano.

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