Carmilla: la vampira que llegó veinticinco años antes que Drácula

Carmilla: la vampira que llegó veinticinco años antes que Drácula

POR Rosetta Edu

Cuando Bram Stoker publicó Drácula en 1897, hacía veinticinco años que otro irlandés había escrito ya la novela de vampiros que lo cambiaba todo. Se llamaba Joseph Sheridan Le Fanu, la novela se titulaba Carmilla, y hoy la conocen sobre todo quienes buscan de dónde salió el conde.

Carmilla | Libro

¿Quieres leer Carmilla?

Joseph Sheridan Le Fanu · Nueva traducción al español

Ver el libro

Vale la pena leerla por lo contrario: no como antecedente de nada, sino como un libro rarísimo que sigue siendo más inquietante que casi todo lo que vino después.

Un castillo en Estiria y una huésped inesperada

Laura, la narradora, tiene diecinueve años y vive con su padre en un schloss aislado en Estiria, al sur de Austria, rodeada de bosque y sin apenas trato con nadie de su edad. La soledad está descrita al principio con una precisión casi doméstica: pocas visitas, largas tardes, una vida entera esperando que ocurra algo.

Lo que ocurre es un accidente de carruaje frente a la casa. De él baja una joven herida, Carmilla, a la que su madre —que tiene una urgencia impostergable y no puede llevarla— deja al cuidado de la familia durante tres meses. Laura la reconoce: es la niña que se le apareció en un sueño cuando tenía seis años. Y Carmilla, para su asombro, dice haber soñado con ella de la misma manera.

A partir de ahí, la novela hace algo que casi ninguna historia de vampiros posterior se ha atrevido a repetir: se toma su tiempo. Durante ochenta páginas no pasa casi nada, salvo la convivencia de dos chicas en una casa grande, con sus paseos, sus conversaciones, sus enfados y sus reconciliaciones. La amenaza está en el tono, no en los hechos.

La novela de vampiros que va sobre el deseo

Conviene decirlo sin rodeos, porque es lo que hace singular al libro: Carmilla está enamorada de Laura, y el texto no lo disimula. La corteja, la abraza, le susurra declaraciones que Laura recibe con una mezcla exacta de atracción y espanto, y que el libro describe con una franqueza sorprendente para 1872.

Le Fanu escribe ese vínculo con una ambigüedad deliberada y muy moderna. Laura no sabe si lo que siente es amor, miedo, fascinación o una mezcla de las tres, y la narración —escrita años después, en primera persona— tampoco lo resuelve. Frente al erotismo de Drácula, que funciona por metáfora y siempre bajo la vigilancia de un grupo de hombres respetables dispuestos a restaurar el orden, aquí el deseo es el asunto central y no hay nadie mirando durante casi toda la novela.

Esa es también la razón por la que el libro se ha vuelto a leer con tanta intensidad en las últimas décadas, y por la que se ha convertido en un clásico de la literatura queer antes de que existiera la etiqueta. Con una advertencia honesta: el final restaura el orden con contundencia, y no conviene proyectar sobre Le Fanu intenciones que probablemente no tuvo. Lo que sí hizo, y es mucho, fue escribir el deseo entre dos mujeres como el motor de una historia, sin convertirlo en chiste ni en castigo inmediato.

Lo que Stoker le debe

La deuda es concreta. El escenario centroeuropeo, el castillo, el médico que sabe más de lo que dice, el cazador de vampiros erudito —el barón Vordenburg, antecesor directo de Van Helsing—, la víctima que se debilita sin causa aparente mientras los adultos discuten diagnósticos, la exhumación final con su documentación burocrática: todo eso estaba ya aquí.

Se sabe además que Stoker conocía el relato, y los estudiosos han señalado que el capítulo suprimido de Drácula que se publicó después como El invitado de Drácula tiene un aire inconfundiblemente lefanuiano. La diferencia está en la escala: Stoker escribió una novela imperial, con Londres amenazada y un equipo internacional combatiendo al monstruo. Le Fanu escribió una historia de dos chicas en una casa. La segunda da más miedo.

Le Fanu, el maestro del terror que nadie recuerda

Joseph Sheridan Le Fanu (1814-1873) fue en su tiempo un escritor de éxito en Dublín, autor de novelas y de algunos de los mejores relatos de fantasmas en lengua inglesa. Tras la muerte de su mujer, se recluyó casi por completo —la leyenda dice que escribía de madrugada, en la cama, a la luz de una vela— y sus últimos libros tienen esa atmósfera de insomnio.

Carmilla apareció primero por entregas en la revista The Dark Blue entre 1871 y 1872, y se recogió luego en el volumen In a Glass Darkly, donde los relatos se presentan como casos de un médico ocultista alemán, el doctor Hesselius: una idea de la que descienden todos los investigadores de lo sobrenatural que vinieron después. Le Fanu murió al año siguiente.

Cómo leerla

Es muy corta —una tarde— y funciona mejor si aceptas su ritmo: no busques sobresaltos, busca la sensación de que algo va mal en una casa donde todo parece amable. Y si puedes, léela de noche, que para eso se escribió.

Nuestra edición

Publicamos Carmilla en una nueva traducción al español, con el texto íntegro. Disponible en tapa blanda, tapa dura y ebook, y en edición bilingüe de texto paralelo español-inglés, en tapa blanda y en tapa dura.

Regresar al Club del libro