Bajo tierra, de Mary Webb: la novela de una chica y un zorro

Bajo tierra, de Mary Webb: la novela de una chica y un zorro

POR Rosetta Edu

En una cena literaria celebrada en Londres en 1928, el primer ministro británico, Stanley Baldwin, dedicó unas palabras de elogio a una novelista de Shropshire a la que casi nadie había leído. El efecto fue inmediato: sus libros se reeditaron, se agotaron, se tradujeron, y durante unos años Mary Webb fue una de las autoras más discutidas de Inglaterra.

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Mary Webb · Nueva traducción al español

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Había muerto diez meses antes, a los cuarenta y seis años, convencida de no valer nada como escritora.

La mujer que vendía verduras en el mercado de Shrewsbury

Mary Webb nació en 1881 en Shropshire, la región rural de la frontera con Gales que aparece en todos sus libros y de la que apenas salió. En la adolescencia enfermó de la tiroides —la enfermedad de Graves—, que le dejó secuelas visibles y una salud frágil de por vida, y una conciencia dolorosa de su propio aspecto que atraviesa buena parte de su obra.

Escribió seis novelas y bastante poesía mientras llevaba, con su marido, una vida modesta que en algún momento incluyó vender productos de su huerta en el mercado de Shrewsbury. Se despreciaba a sí misma con una crueldad notable: se consideraba carente de talento y vivía atormentada por lo que juzgaba errores literarios propios. Mientras tanto, la crítica Rebecca West la calificaba de genio y aventuraba que sería la escritora más destacada de su generación.

Una chica y un zorro

Bajo tierra, publicada en 1917, cuenta la historia de Hazel Woodus, hija de un fabricante de ataúdes y apicultor, que vive medio salvaje en una colina, sabe más de animales que de personas y conserva el libro de conjuros de su madre gitana galesa, ya muerta. Su compañía constante es Foxy, un zorro al que crió desde cachorro.

Dos hombres la quieren. Edward Marston es el pastor del pueblo, bondadoso, casto, incapaz de entender lo que Hazel es. Jack Reddin es el terrateniente de la casa grande, brutal y magnético, un hombre de caballos y de jaurías. La novela va estrechando el cerco entre ambos, y la comunidad —rural, moralista, atenta a todo— hace el resto.

El título original, Gone to Earth, es el grito de los cazadores ingleses cuando un zorro perseguido logra meterse en su madriguera y ponerse a salvo. Con eso basta para intuir hacia dónde va el libro.

No es una novela rural: es una novela sobre la propiedad

Es fácil despachar Bajo tierra como un melodrama campestre con paisaje bonito. Sería un error, porque su tema es bastante más duro.

Los dos hombres que se disputan a Hazel quieren exactamente lo mismo aunque lo llamen de forma distinta: poseerla. Uno la quiere pura, como una santa doméstica que adorne su vicaría; el otro la quiere disponible, como una pieza cobrada. Ninguno le pregunta qué quiere ella, y de hecho el libro sugiere que Hazel no tiene lenguaje para responder a esa pregunta: nadie se la ha hecho nunca.

Y ahí está la metáfora que sostiene la novela y que Webb ejecuta sin piedad: Foxy, el zorro, es el doble de Hazel. Un animal salvaje al que se ha domesticado a medias, querido mientras sea manso, condenado en cuanto los perros lo huelan. Cuando la caza aparece al final, la metáfora deja de ser metáfora.

La parodia que se comió al género

Conviene contar también la parte incómoda. En 1932, Stella Gibbons publicó La hija de Robert Poste, una sátira desternillante de las novelas rurales inglesas de tono trágico —campesinos condenados, presagios, naturaleza amenazante, pasiones fatales—, y Mary Webb suele señalarse como uno de sus blancos principales. La parodia fue tan certera y tan popular que durante décadas hizo casi imposible leer el original sin sonreír.

Es una injusticia habitual en literatura: la broma sobrevive mejor que aquello de lo que se burla. Pero quien lea Bajo tierra hoy encontrará mucho más que el cliché —una prosa cargada de imagen, una atención al mundo natural que hoy llamaríamos ecológica y un retrato del deseo masculino que no ha perdido ni un gramo de incomodidad—. La comparación justa no es con la parodia, sino con Thomas Hardy, con quien comparte fatalismo, paisaje y una idea muy oscura de lo que la sociedad rural hace con las mujeres que no encajan.

Por si hacía falta una prueba de su fuerza visual: en 1950, Michael Powell y Emeric Pressburger —los directores de Narciso negro y Las zapatillas rojas— la llevaron al cine con Jennifer Jones. El productor David O. Selznick la remontó para el mercado estadounidense, y la versión original tardó años en poder verse entera.

Cómo leerla

Con paciencia los primeros capítulos: Webb escribe con densidad, y el dialecto y el folclore de Shropshire piden un momento de adaptación. A partir de ahí, el libro avanza con la inevitabilidad de una tragedia griega, y su última parte es de las cosas más tensas que se han escrito sobre una cacería.

Y una advertencia honesta: no es una lectura amable. Nadie sale indemne, empezando por el lector.

Nuestra edición

Publicamos Bajo tierra en una nueva traducción al español, con el texto íntegro. Disponible en tapa blanda, tapa dura y ebook, y en edición bilingüe de texto paralelo español-inglés, en tapa blanda y en tapa dura, con el inglés de Webb —uno de los más musicales de su generación— en la página de al lado.

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