Arsène Lupin: el ladrón que anunciaba sus robos por carta
POR Rosetta EduEn 2021, una serie de Netflix protagonizada por Omar Sy puso el nombre de Arsène Lupin en boca de medio mundo. Conviene aclarar algo que mucha gente no sabe: aquella serie no era una adaptación. Su protagonista, Assane Diop, no es Lupin; es un lector de Lupin, un hombre que aprendió a robar leyendo los libros de Maurice Leblanc y que los usa como manual.
¿Quieres leer Arsène Lupin, el ladrón caballero?
Maurice Leblanc · Nueva traducción al español
Ver el libroEs un homenaje muy elegante, y tuvo un efecto secundario magnífico: millones de personas conocen ahora el nombre del ladrón caballero sin haber leído jamás una página del original. Este libro es ese original: los nueve relatos con los que nació el personaje en 1907.
Un ladrón que anuncia sus robos
Arsène Lupin roba, pero eso es lo de menos. Lo que hace en realidad es montar espectáculos.
Avisa por carta de que va a robar una joya determinada, en una fecha determinada, en una casa vigilada por la policía. Se disfraza de invitado, de mayordomo, de inspector, a veces de sí mismo. Deja notas de agradecimiento. Devuelve lo robado cuando la víctima le cae bien y desvalija sin piedad a los especuladores. Y humilla con una cortesía impecable al inspector Ganimard, que lleva media vida persiguiéndolo y que en el fondo le tiene bastante cariño.
El primer relato del volumen enseña la fórmula entera en veinte páginas. Un transatlántico cruza el Atlántico rumbo a Nueva York. A mitad de trayecto llega por telegrafía sin hilos —tecnología de punta en 1905— un mensaje: Lupin viaja a bordo, disfrazado, y ha cambiado de nombre. Los pasajeros pasan el resto de la travesía sospechando unos de otros, encerrados en un barco del que nadie puede bajarse. Es una idea de thriller perfecta, y Leblanc la resuelve con un giro que aún hoy funciona.
Un encargo de revista que se le fue de las manos
Maurice Leblanc tenía cuarenta años y una carrera literaria discreta —novelas de corte realista, relatos, colaboraciones de prensa— cuando el editor Pierre Lafitte le pidió un cuento policiaco para su revista Je sais tout. Corría 1905 y el género estaba de moda gracias al éxito arrollador de Sherlock Holmes al otro lado del Canal.
Leblanc escribió «La detención de Arsène Lupin» sin darle mayor importancia. Fue un fenómeno inmediato: los lectores exigieron más, la revista los reclamó y él acabó escribiendo unos veinte volúmenes del personaje durante más de treinta años, con una relación cada vez más ambivalente hacia su criatura. Le pasó lo mismo que a Conan Doyle con Holmes: la fama del personaje se comió al escritor. La diferencia es que Leblanc nunca intentó matarlo.
El duelo con Sherlock Holmes (y el problema legal)
La comparación con Holmes era inevitable, y Leblanc decidió afrontarla de la manera más directa posible: metiéndolo en sus páginas. En uno de los relatos de este volumen, el detective inglés aparece para enfrentarse a Lupin y llega, como anuncia el título, demasiado tarde.
Conan Doyle y sus editores no lo encontraron gracioso y, tras las protestas, Leblanc rebautizó al personaje con un anagrama transparente, Herlock Sholmès, que es como aparece desde entonces. La anécdota es divertida, pero debajo hay algo más interesante: dos países vecinos eligiendo héroes opuestos en la misma década. El inglés es un detective que restaura el orden y devuelve cada cosa a su sitio. El francés es un delincuente que se ríe de la policía, desprecia a los ricos ociosos y sale impune. Dice bastante de ambas culturas.
Por rigor conviene precisar que Lupin no fue el primer ladrón caballero: el inglés Raffles, de E. W. Hornung, se le adelantó casi una década. Pero fue Lupin quien fijó el arquetipo para siempre, hasta el punto de que casi todos los ladrones elegantes de la ficción posterior —del cine de atracos al manga japonés Lupin III, que se declara nieto suyo— descienden de estos nueve cuentos.
¿Por qué sigue funcionando?
Porque el placer que ofrece es puramente mecánico y no ha envejecido: el lector sabe desde el principio quién es el culpable y lee para averiguar cómo lo hizo. Es el mismo motor de las series de atracos que hoy consume todo el mundo, inventado en una revista francesa hace ciento veinte años.
Y porque Leblanc escribe con una ligereza envidiable. No hay solemnidad, ni psicología profunda, ni pretensión de gran literatura: hay ingenio, ritmo y un narrador que se está divirtiendo. Son relatos breves, independientes, perfectos para leer de uno en uno.
Y para quien conociera a Lupin por la serie, hay un placer añadido: reconocer en estas páginas las jugadas que Assane Diop copia un siglo después.
Nuestra edición
Publicamos Arsène Lupin, el ladrón caballero en una nueva traducción al español, con los nueve relatos íntegros del volumen original de 1907. Disponible en tapa blanda, tapa dura y ebook, y en edición bilingüe de texto paralelo español-inglés, en tapa blanda y en tapa dura.