Milady Ludlow: la novela de Gaskell que Cranford dejó a medias

Milady Ludlow: la novela de Gaskell que Cranford dejó a medias

POR Rosetta Edu

Si has visto la serie Cranford de la BBC, ya conoces a lady Ludlow sin saberlo: la aristócrata de pelo blanco que se opone con toda su dignidad a que los pobres aprendan a leer. Pero la serie mezcló tres libros distintos de Elizabeth Gaskell en uno, y el que da origen a ese personaje casi nunca se lee por separado. Es este. Y es bastante más complejo que la versión televisiva.

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Una casa grande, una señora mayor y una idea peligrosa

Margaret Dawson, la narradora, es una muchacha sin fortuna a la que envían a vivir a Hanbury Court, la casa de lady Ludlow, viuda de un conde y última representante de un mundo que se está acabando. Ya de vieja, Margaret recuerda aquellos años y a aquella mujer.

Lady Ludlow es cortés, generosa a su manera y absolutamente convencida de que el orden social es sagrado. Su gran batalla es contra la instrucción de las clases bajas: cree sinceramente que enseñar a leer a un hijo de jornalero es sembrar la desgracia. Cuando el nuevo párroco y el administrador de la finca empiezan a defender lo contrario, la novela se convierte en una guerra lenta y educadísima entre dos siglos: el XVIII de la señora y el XIX que llama a la puerta.

Lo que hace grande a Gaskell es que no convierte a lady Ludlow en una villana. La entiende. La deja explicarse. Y la explicación es la mejor parte del libro.

La novela dentro de la novela

A mitad del relato, lady Ludlow cuenta por qué piensa lo que piensa, y lo hace con una historia larga, ambientada en el París de la Revolución francesa: un joven aristócrata, una muchacha, una carta interceptada y una guillotina. Es un relato completo, casi independiente, y explica de golpe todo el personaje: para lady Ludlow, la lectura y la Revolución son la misma cosa, porque vio con sus propios ojos lo que ocurrió cuando la gente aprendió a leer los panfletos.

Es un recurso arriesgado —un libro que se detiene durante muchas páginas para contar otro— y funciona precisamente porque Gaskell no lo usa para darle la razón a nadie. El lector sale de esa historia comprendiendo el miedo de la señora, y entendiendo a la vez que ese miedo ya no sirve para el mundo en que vive.

La escritora de Dickens

Elizabeth Gaskell (1810-1865) fue una de las novelistas más leídas de la Inglaterra victoriana y, durante décadas, una de las más olvidadas. Esposa de un pastor unitario en Manchester, conoció de cerca la miseria industrial y la retrató en Mary Barton y Norte y Sur con una franqueza que escandalizó. Dickens la admiraba y la publicaba por entregas en su revista Household Words; también se peleaba con ella, porque Gaskell escribía largo y no admitía recortes.

Milady Ludlow apareció precisamente ahí, en 1858, capítulo a capítulo. Es una obra menos conocida que Cranford, con la que comparte escenario y tono, pero más ambiciosa en lo que se propone: no retratar un pueblo, sino el momento exacto en que un pueblo cambia de siglo.

¿Por qué leerla ahora?

Porque el debate que la sostiene no ha terminado. Quién tiene derecho a la educación, qué pasa cuando los de abajo acceden a lo que era de los de arriba, cuánto de lo que llamamos tradición es simplemente miedo: Gaskell lo trata sin sermones, con una ironía suave y una compasión que se extiende a todos, incluida la señora que se equivoca.

Y porque es una de las pocas novelas del XIX que hacen protagonista a una mujer mayor, poderosa y equivocada, y la tratan con respeto hasta el final.

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