La mente no binaria en Una habitación propia de Virginia Woolf

La mente no binaria en Una habitación propia de Virginia Woolf

Virginia Woolf mostró en más de una ocasión la versatilidad que tenía a la hora de allegarse a diferentes géneros literarios, si bien es más conocida por sus novelas, entre ellas La señora Dalloway y Orlando: Una biografía, también cuenta con excelentes relatos cortos y críticas literarias —sin mencionar su Diario, que es una obra por derecho propio—. Y sin embargo su talento no se agota ahí y cuando concibe dos lecturas a Colleges para mujeres en la Universidad de Cambridge éstas terminan siendo la materia prima para uno de los libros fundamentales del feminismo.

La tesis más conocida de Una habitación propia es «una mujer debe tener dinero y una habitación propia para poder escribir ficción».

Como ella lo explica en el ensayo, más allá de analizar de forma tradicional la relación entre las mujeres y la ficción, un tema que puede ser abordado de muchas maneras diferentes e incluso tradicionales, Virginia Woolf se interesa en las características sociales y psicológicas que han hecho que las mujeres estén subrepresentadas en el canon de la literatura. Adelantándose en varias décadas a estudios científicos, ella analiza la «androginia psicológica» necesaria para la creatividad, junto con su conocida idea de que no tenemos un solo estado psicológico, ni siquiera un solo «yo» o una sola personalidad.

La mente es ciertamente un órgano muy misterioso… del que no se sabe nada, aunque dependamos de él por completo. ¿Por qué siento que hay separaciones y oposiciones en la mente como hay tensiones por causas obvias en el cuerpo? ¿Qué se entiende por «la unidad de la mente»? Reflexioné, pues es evidente que la mente tiene un poder tan grande de concentrarse en cualquier punto y en cualquier momento que parece no tener un solo estado de ser. Puede separarse de la gente en la calle, por ejemplo, y pensar en sí misma como algo aparte de ellos, en una ventana superior mirando hacia abajo. O puede pensar con otras personas de forma espontánea, como, por ejemplo, en una multitud que espera escuchar la lectura de una noticia. Puede pensar a través de sus padres o de sus madres, como he dicho que una mujer que escribe piensa a través de sus madres. De nuevo, si una es mujer, a menudo se sorprende por una súbita escisión de la conciencia, por ejemplo, al caminar por Whitehall, cuando de ser la heredera natural de esa civilización, se convierte, por el contrario, en ajena a ella, extraña y crítica.

La mente puede así cambiar su foco e instalarse en diferentes modos de la experiencia. La sociedad en la que vivimos ha marcado, desde los primeros momentos de vida, una experiencia femenina como algo marcadamente diferente a una experiencia masculina. Todos nosotros, ininterrumpidamente desde el momento del nacimiento, somos colocados en una de esas categorías junto a las expectativas que conlleva. Las perspectivas pertenecientes a cada experiencia, según su género, constituyen una de las más profundas y persistentes fuentes de diferenciación en la cultura humana.

Virginia Woolf combina esta posibilidad de la mente de enfocarse o casi «encarnarse» en diferentes seres con las diferencias en experiencia propias a cada género; para ella las mentes más fértiles y profundas tienen su origen en una polinización cruzada entre los dos géneros.

Cuando vi a la pareja subir al taxi, la mente se sintió como si, después de estar dividida, se hubiera unido de nuevo en una fusión natural. La razón obvia sería que es natural que los sexos cooperen. Uno tiene un profundo, aunque irracional, instinto a favor de la teoría de que la unión del hombre y la mujer produce la mayor satisfacción, la más completa felicidad. Pero la visión de las dos personas entrando en el taxi y la satisfacción que me produjo me hizo preguntar también si hay dos sexos en la mente que se corresponden con los dos sexos en el cuerpo, y si también necesitan estar unidos para conseguir una satisfacción y una felicidad completas. Y pasé a esbozar amateurmente un plan del alma de modo que en cada uno de nosotros presiden dos poderes, uno masculino y otro femenino; y en el cerebro del hombre predomina el hombre sobre la mujer, y en el cerebro de la mujer predomina la mujer sobre el hombre. El estado normal y confortable del ser es aquel en que los dos viven en armonía, cooperando espiritualmente. Si uno es un hombre, todavía la parte femenina de su cerebro debe tener efecto; y una mujer también debe tener relaciones con el hombre en ella.

La idea es revolucionaria para la época, las lecturas fueron dadas en 1928, especialmente en el punto de la fluctuación entre elementos femeninos y masculinos en cada persona. Con la suficiente humildad ella encuentra un paralelo en Coleridge,

Tal vez Coleridge se refería a esto cuando dijo que una gran mente es andrógina. Es cuando se produce esta fusión que la mente está plenamente fecundada y utiliza todas sus facultades. Tal vez una mente puramente masculina no pueda crear, al igual que una mente puramente femenina, pensé. Pero sería bueno comprobar lo que se entiende por hombre-mujer, y a la inversa, por mujer-hombre, deteniéndose a mirar un libro o dos…

Interpretando a Coleridge ella avanza su propia teoría,

Tal vez quiso decir que la mente andrógina es resonante y porosa; que transmite la emoción sin impedimentos; que es naturalmente creativa, incandescente e indivisa. De hecho, uno se remonta a la mente de Shakespeare como el tipo de lo andrógino, de la mente hombre-mujer, aunque sería imposible decir lo que Shakespeare pensaba de las mujeres.

Y así Woolf afirma que el genio literario se nutre de la experiencia de ambos géneros. Unos párrafos más adelante, ella deja en claro su preferencia por aquellos escritores que dejan fluir su femineidad,

Hay que volver a Shakespeare entonces, porque Shakespeare era andrógino; y también lo eran Keats y Sterne y Cowper y Lamb y Coleridge. Shelley quizás no tenía sexo. Milton y Ben Jonson tenían una pizca de demasiada masculinidad en ellos. También Wordsworth y Tolstoi. En nuestra época, Proust fue totalmente andrógino, si no tal vez demasiado femenino. Pero ese defecto es demasiado raro para que una se queje de ello, ya que sin alguna mezcla de ese tipo el intelecto parece predominar y las otras facultades de la mente se endurecen y se vuelven estériles.

Por supuesto, su argumento final será que la época en la que las mujeres pueden demostrar abiertamente su genio ha llegado, que es por la liberación tanto psicológica como social (la cual incluye como uno de sus puntos principales la liberación económica) que ahora contamos con excelente literatura escrita por mujeres. Tal vez no haya mejor forma de probar el argumento que leyendo a la misma Virginia Woolf; es una profecía autocumplida.

 

Portadas de Una habitación propia

  • Una habitación propia por Virginia Woolf ha sido publicado por Rosetta Edu en una nueva traducción al español en tapa blanda, tapa dura y ebook así como en una versión bilingüe, igualmente en tapa blanda y ebook.