Contarle a las abejas: El llamado de la naturaleza y la belleza de no tener redención

Contarle a las abejas: El llamado de la naturaleza y la belleza de no tener redención

Hoy, 20 de mayo, se celebra el Día Mundial de las Abejas. Y aunque podríamos hablar de la importancia ecológica de la polinización, en la literatura las abejas siempre han significado algo mucho más profundo, oscuro y místico.

Existe una antigua tradición celta y victoriana llamada "Telling the bees" (Contarle a las abejas). Consistía en que, cuando alguien moría en una casa, el doliente debía salir al jardín y susurrarle la noticia a la colmena para que las abejas no se marcharan. Es una imagen preciosa que nos recuerda algo que a veces olvidamos: al final, le pertenecemos a la tierra.

El consuelo de lo salvaje en Hamnet

En la literatura moderna, pocas autoras han capturado esta conexión tan cruda como Maggie O'Farrell en su novela Hamnet (que seguro recientemente la has visto en el cine). Su protagonista, Agnes, es una mujer guiada por sus instintos, que entiende el idioma de las plantas, tiene un vínculo casi sobrenatural con sus abejas y posee una espiritualidad salvaje, alejada de los dogmas de la iglesia.

Sin embargo, cuando la peste llama a su puerta y se lleva a su hijo, esa misma naturaleza no la salva. En Hamnet no hay una redención heroica ni un consuelo divino; solo está la fuerza arrolladora de la vida y de la muerte, que simplemente es.

Hazel Woodus: La heroína definitiva del bosque

Pero mucho antes de que Agnes nos robara el corazón, la literatura clásica ya nos había regalado a la pionera absoluta de lo salvaje, y la tienes en nuestro catálogo: Hazel Woodus, la protagonista de Bajo tierra, la obra maestra de Mary Webb.

Al igual que Agnes, Hazel es una criatura del bosque. Criada entre árboles y con un zorro como animal de compañía, su espiritualidad no entiende de moralidades humanas ni de la civilización de los hombres. Ella responde únicamente al llamado de la naturaleza. Y es precisamente ese magnetismo puro e instintivo el que la condena, al verse atrapada entre el amor espiritual (y castrador) de un ministro religioso y el deseo brutal y terrenal de un terrateniente local.

La cruel belleza de las historias sin redención

Lo que hace que Bajo tierra sea una novela tan magnética —y la razón por la que ha fascinado a generaciones de lectores— es su falta absoluta de redención.

Mary Webb no nos ofrece un cuento de hadas donde los buenos se salvan y los malos aprenden la lección. Nos muestra que el mundo natural, al igual que una colmena, funciona con sus propias reglas: es hermoso, es instintivo, pero también es ferozmente cruel frente a la debilidad.

Hoy en día estamos obsesionados con las historias de crecimiento personal, donde el dolor siempre sirve para "aprender algo" y los finales nos redimen. Pero hay un placer inmenso, oscuro y muy espiritual en leer historias como la de Hazel o la de Agnes. Historias que nos recuerdan que, por mucha civilización que construyamos, por dentro seguimos escuchando el mismo zumbido ancestral.

Escucha el zumbido

En este Día de las Abejas, te invitamos a dejar de lado la civilización por un rato y adentrarte en el bosque.

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